Y en el jardín, las gardenias que Miguel había plantado para Teresa seguían floreciendo cada primavera, llenando el aire con su perfume celestial, recordando a todos que había existido un amor tan grande que había vencido al tiempo, a la pobreza, al miedo y hasta a la muerte misma.
Esta es la historia de Teresa y Miguel, dos almas que se encontraron en una plaza de Guadalajara y decidieron amarse para toda la eternidad. Es la historia de un amor que sobrevivió a todo, a la oposición familiar, a la pobreza, a los accidentes, a la enfermedad, a los secretos y al tiempo mismo. Porque al final lo que importa no es que hayamos tenido miedo, lo que importa es que a pesar del miedo hayamos elegido el amor. Y ese amor cuando es verdadero, cuando es puro, cuando es eterno, ese amor nunca muere.
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