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«Ya llegó la limosnera oficial de la familia», proclamó mi tía Leticia en cuanto puse un pie en la sala de su casa en la colonia Iztapalapa , Ciudad de México. «Guarden sus carteras».

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En la mesa había de todo: tacos dorados, pozole, ensalada que nadie tocaría y una charola de carnitas que mi tío presumía como si fuera de exportación. Mi mamá hablaba en la cocina intentando mantener la paz. La televisión gritaba noticias sobre la economía nacional.

—Siéntate, Valeria —dijo Mauricio señalando la silla frente a él—. Hoy te invito… a ver comida de verdad, no esas ensaladitas fitness que subes a Instagram.

Volvieron a reír.

En ese momento mi celular vibró. En la pantalla apareció:
“Lic. Herrera – Despacho Contable”

—¿Otro préstamo que vas a pedir, prima? —bromeó Mauricio—. Ponlo en altavoz.

Respiré hondo y contesté.

—¿Sí, licenciado?

—Buenas tardes, Valeria —respondió la voz profesional—. Disculpe la llamada en domingo, pero es urgente. Hemos intentado localizarla varios días.

El comedor quedó en silencio. Hasta la televisión bajó de volumen.

—Dígame. Está en altavoz.

—La llamo por el préstamo que usted otorgó al señor Mauricio Ramírez López. Su cuota trimestral tiene diez días de atraso. ¿Desea que iniciemos el procedimiento formal de cobranza o le otorgamos una prórroga?

El tenedor de Mauricio chocó contra el plato.

Nadie se movió.

El contador continuó, sin titubear:

—Reitero: el préstamo por 1,200,000 pesos mexicanos, firmado hace once meses. El contrato establece intereses moratorios si no se regulariza en un plazo de cinco días hábiles. Necesitamos su indicación.

El silencio fue tan pesado que podía escucharse el reloj del comedor marcando cada segundo.

Mi mamá me miró confundida.
Mi tía Leticia frunció el ceño.

—¿Qué fue lo que dijo? —preguntó finalmente.

Pero lo que Valeria respondió después no solo decidiría el destino de 1,200,000 pesos

Cambiaría para siempre el lugar que ocupaba en esa familia.

Parte 2 …

En esa mesa, nadie había pronunciado jamás una cifra así en voz alta. No desde que yo era niña, al menos.

No siempre fue así. Crecimos en la misma colonia popular en Iztapalapa, Ciudad de México. Casas casi iguales, calles llenas de puestos de tamales por la mañana. Pero mi tía Leticia siempre tuvo un poco más: un esposo con sueldo fijo en una empresa grande, coche nuevo cada pocos años, vacaciones en Cancún o en Puerto Vallarta.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

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